Sin lugar a dudas la ganadería de Gregorio de Jesús va inherentemente ligada el nombre del famoso toro Ratón. Las andanzas y diabluras de este toro van pasando de boca en boca llegando sus historias a ojos y oídos de millones de personas, dada la repercusión que todos los medios de comunicación reflejan en sus noticias. Muchos programas de distintas televisiones locales, autonómicas y nacionales han abierto alguna vez sus programas con imágenes y titulares que mantienen al gran público delante del televisor hasta que se plasma la noticia. La prensa nacional escrita ha ocupado multitud de páginas ensalzando la figura de Ratón con apelativos, que en la mayoría de ocasiones presentan el toro como un auténtico devorador de hombres. Internet está plagado de historias, instantáneas y vídeos que exhiben algunos de los percances en los que Ratón ha sido protagonista. En definitiva, estamos ante un hecho sin precedentes dentro del festejo taurino con una repercusión nunca antes lograda en la tauromaquia popular. Dejando de lado los sensacionalismos y el morbo que instintivamente genera siempre la interacción del ser humano y animales, vamos a repasar la vida del toro más famoso de todos los tiempos, esta es la verdadera historia del toro Ratón.
Como casi todas las crías de ganado bravo, Ratón viene a este mundo antes del amanecer de un típico día primaveral de abril del 2001. Nueve meses antes, el semental de la ganadería, el toro Caracol, cubrió a una vaca primeriza de tres años de edad que apuntaba maneras y en la que Gregorio de Jesús tenía puestas muchas esperanzas. No se equivocó el ganadero y Fusilera trajo al mundo a un bonito macho de pelaje muy parecido al de su padre donde el pelo blanco y castaño se repartía por el diminuto cuerpo del tembloroso becerro. El toro Caracol fue un toro muy similar a lo que hoy en día es Ratón. Listo, rápido y muy certero, se ganó con creces fama de peligroso en los pocos años que estuvo en activo. Eran otros tiempos y la tuberculina que campaba a sus anchas, terminó dejando al descubierto toda la cabaña brava de la Comunidad Valenciana. Caracol, contagiado con esta enfermedad que sentenció a muerte a todas las reses que la incubaron con el famoso saneamiento, trabajó muchísimo en sus cinco años de vida, quizás demasiado, enseñando para el futuro al joven Gregorio de Jesús, que el dosificar a los buenos toros, alarga el rendimiento de los mismos. La otra mitad genética, la de la madre, vaca que como ya hemos comentado era primeriza, fue un animal que demostró mucha bravura en sus primeros años de vida, para más tarde convertirse en la típica res que sabe lo que se hace y cumple el expediente sin demasiadas estridencias. Pero algo en esta vaca era diferente y Fusilera, que todavía sigue en activo con sus doce años, se convirtió en una madre perfecta con un instinto especial en el cuidado de sus becerros y desde aquel primer parto con Ratón, parió en multitud de ocasiones, sacando adelante todas las crías que tuvo. Se da la curiosa circunstancia de que todos los partos fueron hembras, exceptuando el primero de ellos que fue Ratón, y el último, ya que de nuevo y después de casi nueve años, ha vuelto a parir un macho. He aquí la herencia genética de nuestro protagonista que pronto comenzaría a destacar y a desmarcarse del resto, hasta convertirse en la leyenda que es hoy en día.
Los primeros días de vida de Ratón son normales, al amparo de su madre que no se separa de él ni a sol ni a sombra. Pero con apenas diez días de vida, sucede algo que quizás marcó su posterior comportamiento en las plazas. Aprovechando que los propietarios de la ganadería se ausentaron para comer, un grupo de jóvenes se introdujo en las instalaciones de la ganadería y consiguieron encerrar al becerro en una corraleta donde juegan con él hasta extenuarlo. Después de ello, lo dejaron encerrado y a oscuras hasta que Gregorio de Jesús tras volver por la tarde, y alertado por la vaca Fusilera, encontró a Ratón temblando y acurrucado en un rincón con la boca abierta y casi sin fuerzas para respirar. El ya mencionado instinto maternal de la madre salvó la vida de un becerro que se iba y en poco tiempo recuperó las fuerzas, dejando en su interior un recelo hacia las personas que en pocos meses empezó a ser peligroso hasta para el propio Gregorio de Jesús.
La primera actuación de Ratón data de septiembre del 2002. Con quince meses de edad es tentado en el municipio de l’Olleria en una clase práctica de la Escuela de Tauromaquia de la plaza de toros de Valencia. Se muestra noble en los primeros capotazos pero pronto empieza a mostrarse complicado, no entrando al engaño con facilidad. Un año después pisa por primera vez la calle tras ser desencajonado en las fiestas de Sueca. Derrocha bravura acudiendo pronto a todos los cites hasta que se planta delante de la pirámide observando a un joven aficionado que lo cita desde las alturas de la misma. Tras un primer amago de subida, y con extremada facilidad, sube hasta lo alto del obstáculo y baja tras el aficionado que lo citaba con inusitada velocidad. Esa fue la primera de una larga serie de fulgurantes acciones en una pirámide que subió y bajó hasta el agotamiento en sus primeros veinte minutos de calle.
Todo apuntaba a que Ratón podría funcionar bien en plazas con obstáculos, pero a finales del 2003 y tras una dura pelea con otro de los toros en el interior de la ganadería, Ratón sufre una tremenda cornada en el recto que lo mantiene entre algodones prácticamente un año entero. Durante ese larguísimo año es atendido a diario por un grupo de veterinarios que temen por su vida tras contraer una severa infección que precipita una operación de urgencia. Pero asombrosamente se recupera y reaparece en septiembre del 2004 en el pueblo de Canals donde provoca el primer accidente serio a un aficionado de la zona. Comienza así a forjarse un halo de peligrosidad que fue creciendo a base de espectaculares actuaciones no exentas de percances entre las que destacan la de Museros del 2005. Aquella tarde Ratón saltó a la arena y a los pocos minutos de su lidia, alcanzó a un hombre en lo alto de la pirámide, siendo encerrado rápidamente por la organización. Horas más tarde se decidió volver a sacarlo y la historia se repitió en el tablado donde alcanzó a un joven, dejándolo malherido. Aquel día el mundo del festejo popular conoció de la forma más virulenta a un toro berrendo en negro, lucero, calcetero y bragado de la ganadería de Gregorio de Jesús, llamado Ratón.
Este hecho despertó el interés del gran público y empezaron a llegar solicitudes de todas partes. Los percances que sucedieron en el 2006 en Yátova y sobre todo en el Puerto de Sagunto, donde un hombre falleció tras una gran paliza propinada por el toro. También, ya en el 2008, en la plaza de toros de Valencia, se produjo otra impactante cogida con imágenes que dieron la vuelta al mundo aireadas en todos los medios de comunicación e internet. Esta parte negra de la vida del toro es la más conocida por la opinión pública, pero dejando a un lado los accidentes, Ratón ha protagonizado actuaciones notables en grandes recintos como las plazas de toros de Valencia y Castellón, Segorbe, Museros, Puerto de Sagunto, Yátova o Jérica entre muchas otras… Siempre anunciado en los carteles como una auténtica estrella, agotando las entradas a la venta y seguido por masas ingentes de público que, con distinta motivación, abarrotaron siempre los tendidos de las plazas para presenciar en vivo al toro más mediático de la historia.
Pero ¿cómo definiríamos a este animal? ¿En verdad es un asesino? ¿Es tan peligroso como dicen? El que conoce la fuerza que desarrolla un toro, no se extraña de ninguno de los daños físicos que un animal de 550 kg. puede producir en un cuerpo casi diez veces más pequeño como es el de las personas. Ratón es un toro muy ágil, de extremidades largas, lo que facilita enormemente sus acciones en el tablado, banco y pirámide. No es de extrañar que la inmensa mayoría de los accidentes se hayan producido en los obstáculos, donde la envergadura de su larga zancada acorta las distancias, sorprendiendo al más pintado de los aficionados. Cuando el contacto se precipita, se produce un acto poco común en los toros. Ratón embiste con derrotes cortos y repetitivos a la vez que balancea la cabeza a izquierda y derecha, provocando en todas sus víctimas un número de heridas muy superior, a priori, al normal en estos casos. Es, por tanto, un animal de los denominados “paliceros”, apelativo que reciben las reses que se ceban con sus presas lanzándoles numerosos derrotes. Pero, al contrario de lo que se pueda pensar, no es un toro complicado en el llano, donde se puede recortar con cierto lucimiento. La realidad es que estamos ante un toro que lleva cinco años a gran nivel, que trabaja con regularidad a pesar de su avanzada edad. Sube la pirámide y el tablado, trabaja el banco y se deja recortar con normalidad en todas sus actuaciones. Poquísimos animales a lo largo de la historia han conseguido conservar estos requisitos a lo largo de tantas temporadas seguidas y este sí que es un dato verdaderamente importante. Este es su auténtico mérito, esto es lo que realmente desmarca este animal de los demás, este es el ansiado y tremendo equilibrio que tan longevamente consiguió mantener temporada tras temporada, esta es la verdadera historia del toro Ratón.